El viaje de un guerrero: amor, pérdida y renacimiento.

A los 6 meses de nacido, me dio una infección urinaria (bacteria Escherichia coli). No comía nada durante semanas y me deshidraté mucho; siendo bebé, casi muero. El médico tuvo que darme un tratamiento de mucho antibiótico para hacer retroceder la infección. Sobreviví. Quedaron secuelas en mis dientes y muelas.

Cuando tenía 4 años, en un cumpleaños, me subí a una moto que estaba cuadrada en la casa. Apenas subí, caí y la moto cayó encima de mí. Grité porque la moto cayó encima de mi pierna, pero me reincorporé y seguí jugando. Según cuenta mi mamá, al llegar a casa me fui a dormir. Al día siguiente, me levanté y me senté en el sofá de mi casa, pero no caminé más. Mi mamá se preocupó y me preguntó qué tenía. Yo no respondía, callado. Después de dos horas de no moverme del sofá y sabiendo que yo era muy juguetón normalmente, decidió llevarme al médico: me había roto la pierna en dos partes (fractura de tibia y peroné). Pasé enyesado 3 meses. Al día siguiente ya estaba montando triciclo. Mi mamá nunca pudo entender cómo nunca lloré ni dije “¡Ay, me duele!” Mi silencio fue lo que me descubrió.

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