Aprender a discernir no es tarea fácil, sobre todo cuando emprendes la búsqueda de liberarte de las ataduras religiosas, políticas, educativas y familiares, y buscas incansablemente la(s) respuesta(s). Porque cuando la Luz fue antes oscuridad, yo no creía porque no veía, pero estaba ahí. Ahora sé que todo es un juego.
Y fue en el mismo juego que recordé, que me reconocí, que me di cuenta de que siempre era yo, que no era lo que otros me decían o me hacían hacer. Todo sé que lo hice por amor. Porque el verdadero amor a la humanidad es el respeto a cada uno, uno por uno. Me acordé de cada uno, que vi en sus ojos, que sentí sus corazones, y los recuerdo a todos; estuve con todos.
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